Shapeshifter
30-Jun-2010, 11:49
Pues para matar el tiempo, les dejaré el link a esas historias de mujeres trabajadoras que dan el todo por su chamba!!! :mm5:
Empecemos con Lulú Petite, nos narra cómo fue su primer encuentro con un cliente y de sus inicios en este mundo que en su momento fue una puerta de escapatoria a todos sus problemas
http://www.elgrafico.mx/notas/691077.html
Ajale! esa Lulu sale en zonadivas! y quiere ser tan famosa como la disque famosilla Fernanda, q disque es famosilla solo por q tiene un espacio en un periodico de su vida de escort :chafa:
Hasta eso, la lulu está buenona, pero hay un BUEN de hermosas mujeres mejores q ella...
Shapeshifter
30-Jun-2010, 13:55
Querido Diario:
Sus deditos jugaban en el borde de mis pezones y me besaba el cuello sin dejar de interrogarme:
-¿Te gusta?
-Sí, se siente rico- contesté mientras él bajaba su mano por mi abdomen, aproximándola a mi sexo. Sus brazos eran fuertes y su mirada cálida, separé un poco los muslos para abrir camino a sus caricias, arqueé el cuello y le ofrecí mis labios. Nos besamos.
Bajé por su cuerpo, rozándole el pecho con mi cabello. Se estremeció cuando tomé su sexo y le puse el condón antes de llevármelo a los labios. Hice un arco en mi espalda para acariciárselo con la lengua mientras él me sobaba los glúteos. Con mis rodillas apretando los costados de su abdomen, me monté, me fui clavando entre suspiros hasta sentirla toda, cerré los ojos y me dejé llevar, acaricié mis senos, me recargué en sus hombros, apreté las piernas, nos venimos. No deja de sorprenderme que me excite tanto hacer el amor con un desconocido. Creo que conozco mi trabajo, lo hago bien y lo disfruto.
No siempre fue así, recuerdo la primera vez que atendí a un cliente... De niña me gustaba imaginar que era una princesa. Mi sacrosanta madre, chapada a la antigua y con la delicadeza de Doña Lucha, tenía la maldita costumbre de recetarme una sarta de guamazos a la menor provocación.
Cuando agarraba la chancla, me escondía e imaginaba que era una princesita, atrapada en un castillo por una bruja despiadada. Cerraba los ojos y pensaba que aparecería un hada a sacarme del apuro. Nunca llegó el hada, pero la madrina siempre me la pusieron.
De todos modos me quedó la costumbre; cuando estoy en un aprieto, cierro los ojos, respiro profundo y espero el milagrito que ha de sacarme del atolladero. Y es que cuando tocas fondo, lo que buscas es una puertita, una escapatoria, un abracadabra que te salve el pellejo. Lo que no había pasado, era que mis súplicas tuvieran respuesta.
Cuando más amolada estaba, apareció aquella señora, con pinta de hada y actitud de madrina, a ofrecerme chambear de sexoservidora. Una buena princesita no espera que su benefactora le recomiende hacer fortuna con los glúteos, pero hablando con la neta, ella no me obligó a nada; simplemente supo decir las palabras que yo necesitaba oír para recuperar mi autoestima y reparar mi bancarrota.
Estaba haciéndome del rogar, entre el miedo y la calentura, cuando entré a la agencia un cliente que se me quedó mirando, se acercó a la doña, le dijo algo quedito y subió:
-Ese hombre quiere estar contigo- dijo sonriendo la señora, como si me ofreciera un chocolatito -anda, no tienes nada que perder, tengo lencería nueva y muy linda, escoge la que te guste para atenderlo.
Estaba dudando cuando soltó el último anzuelo:
-Anda hija, sube, es un buen tipo y mira, para que te animes, sólo prueba, no me vas a tener que dar ni un peso por comisión de este servicio, toda la paga será para ti.
El 'ñor' me estaba esperando sentado en la cama, con sonrisa ansiosa, sus manos entre las rodillas y la mirada libidinosa; sentí que mis piernas se hacían de atole. Apenas di un paso semidesnuda y, ante la mirada atónita de aquel cliente, comencé a llorar. Moría de pena y de miedo. Él, sorprendido, me pidió que me sentara y le contara qué tenía. Le conté chillando mi historia. Cuando terminé, se acercó, me acarició el cabello y me dijo -no te apures chiquilla, aquí no ha pasado nada- Se levantó y se fue.
Supongo que no se quejó, porque cuando bajé, la doña me dio íntegro lo que él había pagado. Era menos de lo que hoy cobro, pero en tiempo de crisis ganar esa lana en un ratito, me parecía una fortuna. No podía creer lo pronto que saldría de apuros trabajando dos o tres veces al día. Esa tarde, sin embargo, no tenía ánimo para seguir. Le di las gracias a la señora y me despedí.
-Entonces mi hija ¿Nos vemos mañana?- me dijo con una sonrisa sonsacadora.
-Seguro que sí- respondí alegremente ya haciendo cuentas.
El asunto es que aun hoy y a pesar de que ha pasado tanto tiempo, siempre hay un momento en el que vuelven a temblarme las piernitas ¿Quieres comprobarlo? Fácil: Comienzo a atender pasadito el medio día, al fin, ya estoy de regreso y lista para repartir besos y mimos.
Nos leemos el martes que entra,
Lulú Petite
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